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Descarga directa - Resumen Real Valladolid - Real Madrid parte 1
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Cronica del partido, fuente: El norte de castilla
Falta el remate
El Valladolid puso contra las cuerdas al líder de la Liga, pero volvió a dejar escapar los puntos con el empate en el tramo final del encuentro
Pues va a ser verdad eso que dicen de los estado de ánimo, el fútbol y demás. Sobre todo cuando dos equipos llegan a un partido con un espíritu tan diferente. Ver a Sergio Ramos pegar un patadón sin rumbo en el primer balón de la segunda parte no tiene nada que ver, por ejemplo, con la forma en que Sisi se revuelve para robar un balón que acaba de perder.
Era obvio que al Real Madrid eso del Zorrilla lleno, el ambiente previo y demás le traía sin cuidado. Venía de un partido de 'Champions' ganado y de una trayectoria inmaculada en la Liga y enfrente le esperaba un simple recién ascendido. Como el Almería. Y eso que los de Emery se lo pusieron difícil en el Bernabéu, pero claro, al final se llevaron tres. Y final de la historia. Así que jugar contra el Real Valladolid, otro 'almería', suena a más de lo mismo.
Solo cabe contraponer un matiz a ese razonamiento. El Real Valladolid no es el Almería. Ni es el Werder Bremen, ni ningún otro. Es el Real Valladolid de los 88 puntos, el del récord, el que no se cansaba de ganar en Segunda y el que ha recobrado la pasión por el fútbol. No sólo se la ha contagiado al público, entregado ayer como nunca en un partido ante el Real Madrid en esta ciudad. Los propios jugadores disfrutan con lo que hacen, se entregan a fondo y tienen ansias de que llegue el próximo partido de Liga para seguir midiéndose con los mejores.
A idéntico escenario, por tanto, comparecieron dos rivales opuestos. El Real Madrid nunca estuvo enganchado. Guti tocó poco el balón y la defensa tuvo despistes importantes, además de un flanco débil, el de Míchel Salgado. Demasiada inactividad para el veterano lateral derecho. El Valladolid le sacó la primera amarilla al cuarto de hora, y su partido se convirtió en un sufrimiento continuo cada vez que el Valladolid llegaba por su banda. Y no lo hacía solo con Sesma y Óscar Sánchez. Sisi también buscaba esa demarcación con éxito. Solo la falta de precisión en los centros de los dos zurdos evitó que el Valladolid creara mayor peligro.
Por momentos el encuentro recordó a la segunda parte contra el Valencia. Dominio del Valladolid, más llegada por las bandas y centros continuos hacia el área, pero nulo remate. A cambio, el tópico -«el que perdona lo acaba pagando», ya saben- parecía querer darle la razón al Real Madrid. Prácticamente no se asomó por el área de Butelle, pero cada vez que lo hizo tembló todo el estadio.
Ráfagas letales
La primera ocasión blanca, tras varios acercamientos peligrosos del Valladolid, llegó en el minuto 17. Robinho cogió un balón de frente al área, aceleró y la puso en el segundo palo, donde llegó Van Nistelrooy para tocar fuera por muy poco. «A estos equipos no les hace falta jugar bien para ganar», había dicho Mendilibar. Y tal cual.
El Real Madrid vive de ráfagas y de un tal Van Nistelrooy, que es capaz de tocar cada balón colgado, cada centro, cada pase, y hacer jugar a todo su equipo, especialmente a Raúl, con el que conecta de maravilla. Eso fue lo que hizo que el Valladolid nunca pudiera relajarse atrás. La presencia del holandés resulta inquietante y amenazadora, y la zaga no pudo nunca librarse de ese peso. Es precisamente lo que le faltó ayer al Valladolid, alguien que pusiera en un brete a la defensa, muy solvente por el centro. Sergio Ramos y Cannavaro se impusieron siempre por alto y apenas dejaron intervenir a Joseba Llorente. Kome volvió a fallar en el último pase, y Jonathan Sesma se va a especializar en elegir siempre la peor opción, algo que ya le pasó a Capdevila en algunos momentos de la temporada pasada.
Un toque más
El Valladolid, a pesar de esa carencia importante, dio mucha guerra y estuvo a punto de ganar el encuentro. Sólo le faltó que Llorente encontrara el toque final. No pudo hacerlo en los infames centros servidos en los saques de esquina, un desperdicio incomprensible. Y tampoco en los centros desde la banda izquierda, menos precisos y más fáciles para la defensa que los que venían desde la derecha. Sisi le puso un balón nada más empezar la segunda parte, pero Casillas se interpuso. A continuación se lo envió Borja, pero también le pasó por delante.
El gol llegó cuando el Valladolid por fin se decidió a rematar, aunque fuera desde lejos. Este equipo parece tan empeñado en buscar los centros desde la banda que cuando un jugador llega a la frontal su primer pensamiento es abrir a un lado. Que se lo digan a Sneijder, ayer suplente. Podría dar clases de lo que hay que hacer en esas situaciones. Hasta que Pedro López, en el minuto 70, decidió probar fortuna. Soltó el zapatazo y el balón voló limpio y perfecto hasta la escuadra del fotogénico Casillas, que compuso una estampa de golazo con su estirada.
Por fin. El golazo, el sueño cumplido, la gran victoria del reencuentro con la Primera División, la demostración de que este equipo sirve para jugar en la mejor Liga del mundo Y el despertar durísimo. Guti y sus manías. Como la meter el pase por donde nadie lo espera. Ni los centrales. Van Nistelrooy, sí. «Toma, Saviola, métela. Y águales la fiesta»
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