Video resumen:
1º Jornada - Espanyol - Real Valladolid (0-1)
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Descarga directa - Resumen Espanyol - Real Valladolid
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Cronica del partido, fuente: El norte de castilla
Un estreno convincente
El Real Valladolid doblega al Espanyol con las mismas armas que le llevaron a ser el mejor equipo de Segunda, presión y valentía
El Real Valladolid de Mendilibar continúa siendo el Real Valladolid de Mendilibar. Ni un átomo menos de energía derrochado, ni una gota de sudor dentro del cuerpo. Vacíos. Así salieron los jugadores blanquivioletas del césped de Montjuic. Eso sí, con los tres puntos, lo mismo a lo que acostumbraban en Segunda División la temporada pasada.
Quienes tuvieran dudas sobre el rendimiento que podían ofrecer Llorente, Kome, Sisi o Borja en Primera División ya deben tenerlas despejadas a estas alturas. Sin euforias, sin caer en un optimismo exacerbado, lo cierto es que cuando este equipo juega con la concentración adecuada resulta muy complicado de vencer. Todavía se podría recurrir al tópico de las bajas, por aquello de las ausencias de De la Peña y Tamudo, pero cabe recordar que el Valladolid tampoco tenía a Baraja, Iñaki Bea, Capdevila y, sobre todo, Víctor, puntales del ascenso de la temporada pasada.
El Real Valladolid fue, simplemente, mucho mejor que el Espanyol. Más equipo, más 'bloque', que le gusta decir a Mendilibar. Y con dos aspectos diferenciados que cabe destacar. Por un lado, el de los veteranos. García Calvo, Vivar Dorado y Alberto Marcos hicieron un encuentro casi perfecto. Lo del central fue de manual. Supo jugar con una amarilla ganada justamente y aburrió a Luis García. Vivar Dorado llevó el peso junto a Borja, y Alberto Marcos frenó en seco a Valdo y a Coro. El primero lució poco, y el segundo acabó sustituido entre abucheos.
Por otro lado estaban los recién llegados a Primera. Rafa, pese a su debut de hace unos años, ya ni se acordaba de cómo era la categoría, pero recuperó la memoria enseguida. Junto a García Calvo formó un tándem impenetrable, especialmente en el juego aéreo. Borja, que tuvo que bajar un peldaño hacia Segunda para encontrar continuidad, borró del campo a 'Lola' Smiljanic y a todo el que pasaba por su lado. Ayudó a los laterales, a los delanteros, a la defensa y a todo el equipo. Y Llorente, que solo tuvo una veintena de partidos en cuatro años para intentar hacer goles, marcó en la primera jornada.
Lo más bonito del triunfo, sobre todo por aquello de ser el del debut, está sin embargo en la forma. Y lo representó mejor que nadie Dani Kome. El de verdad, el que hacía diabluras en el Ciudad de Murcia. El camerunés es un tipo introvertido, al que le cuesta entrar en un grupo. Y el bloque del Valladolid ya estaba hecho cuando él llegó la temporada pasada. Manchev estaba tan distante como él, pero el búlgaro al menos tiraba del 'egoísmo' de jugar para sí mismo, para labrarse el futuro. Kome no. Él necesitaba ser parte del grupo para ser un jugador importante. Y ese cambio se ha producido. Poco a poco, con naturalidad y aprovechando el trabajo desde el inicio de la pretemporada, el camerunés ha entrado. Y ahora ya es el que se esperaba. Volvió loca a la zaga españolista, sobre todo en una segunda parte en la que añadió calidad al trabajo que demostró en la primera mitad. Incluso ha aprendido a presionar y a trabajar en defensa, y eso le sirvió para sacarse de la manga el gol del triunfo. Perseveró en la presión, le birló la carrera al defensor, llegó a la línea de fondo y se la puso a Llorente para que la empujara. Y Joseba estaba allí, claro.
Gol definitivo
Nunca un gol fue tan definitivo. Y no porque un equipo empezara a jugar mejor y otro peor. No fue solo eso. Un equipo se agigantó anímicamente, se sintió invencible, recordó sus prestaciones de la temporada pasada y gobernó el encuentro a su antojo, con la sola rémora de no machacar al rival en una de las numerosas ocasiones que tuvo. Y el otro, en este caso el Espanyol, subcampeón de la UEFA, se derrumbó. Recordó el fracaso de la jornada inaugural del campeonato anterior, cuando perdió ante el recién ascendido Nástic, y se embarulló. Tanto lío se hizo que fue incapaz de llegar con claridad a la portería rival en toda la segunda parte. Solo lo hizo a balón parado, y Butelle estuvo acertado.
El Valladolid, a cambio, contragolpeaba una ya otra vez. Salía con velocidad y con una decisión asombrosa para un equipo recién ascendido. Nada de marcar un gol y echarse atrás muerto de miedo. Si se marca, hay que ir a por el segundo. Mendilibar ha demostrado ya en su periplo blanquivioleta que se puede jugar al contragolpe sin ser un cobarde, presionando arriba y saliendo desde la línea de medios cuando se roba el balón. Y el equipo lo hizo a la perfección.
La recompensa fue un gran triunfo. El tercero de un recién ascendido en esta primera jornada. Demostración clara de que la superioridad mostrada por Real Valladolid, Almería y Real Murcia durante la temporada pasada no fue casual. Y hay que tener en cuenta que los tres equipos siguen exactamente igual pero un poco más reforzados si cabe. De ahí los resultados. Y de ahí que el Real Valladolid mantenga la racha impecable que inició la temporada pasada tan solo una categoría más abajo.
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